Reflexiones sobre mi trabajo

Una de las mejores cosas que me ha enseñado la fotografía ni siquiera tiene que ver con la fotografía. Ha hecho que me cuestione todo o casi todo. Incluida la misma fotografía. Toda esta breve disertación está relacionada con el hecho de que tras un breve parón en mi práctica fotográfica, y con un fotolibro acabado y listo para imprimir, me cuestiono qué busco con mi trabajo, para qué lo hago y para quien.

A la primera pregunta, aún le estoy buscando respuesta con cada foto que hago. Para qué y para quien...creo que en estas dos cuestiones me he dejado llevar por algunas corrientes actuales, por personas y e ideas que no son las mías. Para qué lo hago...por necesidad diría yo. No podría no hacerlo. ¿Y para quien? Quizás sea esta la gran pregunta.

Siempre digo que una imagen no está completa hasta que alguien la mira y la interpreta, en base a sus conocimientos o sus experiencias. Y de esta afirmación se podría deducir que inevitablemente el fin de una imagen es ser observada. ¿Pero actualmente vemos las imágenes? Digo esto porque en esta realidad saturada, saturadísima de imágenes, precisamente lo más cómodo sería lo contrario. Ver y no mirar.

Hay ciertas cosas que no me gustan del “postureo artístico”. De lo que sea. Pero me centraré en la fotografía. No me gusta la liturgia, la importancia, que se le da a algunas cosas que para nada la tienen. No me gustan las modas, nunca me han gustado y quien me conoce bien lo sabe. No me gusta el “establishment” de galerías, el mundillo artístico, que para nada tiene que ver con el arte en sí.

Volviendo a la pregunta esencial, ¿Para quién hago las fotos?...No, no las hago para los demás, no es su meta final, aunque por supuesto, las imágenes sean visibles. Otra de mis sentencias siempre ha sido que mis imágenes, las buenas, las mías de verdad (que no son ni mucho menos todas ni gran parte de todo el trabajo que llevo hasta ahora), responden a una necesidad de sacármelas de dentro. Y ya está. No busco la aprobación de nadie. No tengo que justificar lo que hago ante nadie, salvo ante mí mismo.

Pero sí, las imágenes se crean para ser observadas. ¿Pero cómo, en qué condiciones?

Hace algo más de un mes acabé de editar y preparar, tras cuatro maquetas, mi libro “I’m still looking for my own Jane Gallagher”. Después de un mes en el dique seco fotográfico, que no mental, me encuentro con toda la problemática expuesta.

Me encantan los fotolibros, mucho. Y tengo presupuestos de varias imprentas para sacarlo adelante. Pero al igual que la saturación de imágenes individuales que nos abruma diariamente, existe una saturación en cuanto a fotolibros. Y por este motivo, y por algunos más, creo voy a aparcar por el momento la publicación de “I’m still looking for my own Jane Gallagher”.

No estoy ni mucho menos tan metido en ese mundo como otras personas que conozco, pero por lo poco que sé, y gracias a la autoedición, es ingente la cantidad de títulos que inunda el mercado. Y por todo esto me pregunto qué sentido tiene contribuir a esa saturación. Un libro más, el mío, ¿qué importa? Si una de las posibles respuestas a la pregunta ¿para qué hago lo que hago? es para difundir mi obra y que se conozca, hay otros métodos para ello.

Así pues, y sin abandonar del todo la idea de la publicación, utilizaré otros medios, más coherentes con mis ideas. Y seguiré haciendo fotos y sacándome cosas de dentro, motivo principal y casi único del porqué hacer fotos.

Hacía mucho tiempo que no escribía tanto, pero llevaba días, semanas, rumiándolo...

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